Tengo dos horas libres mientras Sara hace la siesta. Lo natural es aprovechar el tiempo y ponerme a trabajar, pero lo unico que se me ocurre es acostarme también a hacer siesta.
Entre un virus infame que dejó a Sara incapacitada por más de una semana, el trabajo ultra demandante de Alf, el inservible transporte publico bogotano y para rematar un paro de camioneros que no permitió que la niñera de Sara viniera hoy a trabajar, se han encargado de que mi productividad de los últimos días sea muy cercana a cero.
Me pregunto si será mejor idea olvidarme de todos los proyectos que tengo en la cabeza y dedicarme a hacer bien lo único que las circunstancias me dejan hacer... ser mamá. Pero no puedo. Yo no tengo esa vocación.
Afortunadamente mi hija es un ángel y el tiempo que paso con ella lo disfruto, pero al final del día no puedo evitar pensar que perdí mucho tiempo.
Intentaré vencer el sueño del medio día para lograr producir algo en las próxima dos horas.
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